Tengo la impresión de que últimamente he estado leyendo mucho sobre la gratitud. Como esas épocas en las que encuentras una palabra extraña o un tema recurrente por todas partes. Aunque quizás sólo sea porque, en ese momento, estamos más receptivos. Y yo, para dar gracias, ahora estoy receptiva que da gusto.

Si me sigues en redes sociales, quizás hayas podido intuir que estos últimos meses han sido intensos, especialmente desde el inicio de 2017. Mi ritmo de actividad se ha multiplicado y ha vuelto a lo que son los “niveles normales” para mí, con los que realmente me siento cómoda. También han sido meses de muchos (de verdad, muchos) momentos bonitos. Y no puedo hacer más que dar las gracias.

Regalo de despedida de mi amigo Stefano, del día que me hizo las fotos para la nueva web

Mi amiga Irene, polifacética y curranta donde las haya, hablaba estos días de recoger lo que siembras. Y yo, por fin, empiezo a sentirme identificada. Y no porque mi cosecha sea enorme, aún no lo es, pero hoy creo que consiste más en cambiar de mirada. No es que antes no hubiera frutos, sino que éramos tan exigentes con nosotros mismos, con el trabajo que hacíamos y los resultados que esperábamos obtener, que sencillamente no éramos capaces de ver nuestros pequeños tallos verdes. Así que, para empezar, deja de castigarte.

Es verdad que es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Yo he necesitado una buena dosis de resultados positivos para ser capaz de abrir los ojos y mirar atrás con perspectiva. Y qué sorpresa me he llevado al darme cuenta de que, en conjunto, echo la vista atrás hacia estos dos meses (¿quizás un año y medio?) y no puedo hacer más que sonreír. ¿Y no es esa una sensación genial? Y por eso quiero compartirla contigo.

Quiero que mires a tu presente a la cara y le des las gracias por la cantidad de cosas estupendas que te pasan todos los días. Porque los resultados son inmediatos e increíblemente eficaces.

Pon en una lista las cosas que te han pasado y han sumado felicidad a tu vida. No tengas prisa, párate a pensar, todo vale. Según la época (todos pasamos por altibajos) será más o menos larga, pero te prometo que habrá una lista. Y cuando la mires detenidamente, estoy segura de que te sentirás afortunada, sí. Pero, si te pasa como a mí, sobretodo te sentirás agradecida. Y eso, amiga, te da un poder parecido al de sentirse valiente.

Para mí, el reconocer que lo que siento no es ni más ni menos que gratitud, ha provocado una reacción mucho más intensa (y mucho más útil a nivel personal) que el simple hecho de dar las gracias por lo que poco a poco voy consiguiendo. Sentirme agradecida me hace querer más. Hacer más, luchar más, arriesgar más. ¿Para qué, si no, serviría todo lo que he conseguido hasta ahora?

Es la gratitud, y no el Redbull, lo que me está dando alas. Y contigo puede hacer lo mismo. Úsalo.

Pero, además, sentirte agradecida provoca un efecto colateral: Te obliga a darte cuenta de que, si das las gracias por un objetivo conseguido, reconoces también que hiciste un esfuerzo previo. Que lo deseaste y trabajaste para ello. Aceptas que te lo mereces.

Y entonces respiras hondo y te recompones, sueltas peso. Y miras adelante. Y sonríes más.

La vida es para eso.

2 thoughts on “El poder de sentirse agradecida

  1. Daniel on 4 marzo, 2017 at 12:58 pm Responder

    Me encanta!!! Y por supuesto, la vida es mirar hacia atrás de vez en cuando y sonreír. Estoy totalmente de acuerdo.

    Y siempre hay que arriesgar!

    Un saludo y me alegro que estés tan agradecida por todos esos momentos!!

    1. Naiara on 4 marzo, 2017 at 11:12 pm Responder

      Muchas gracias por pasarte Daniel, qué bien que te haya gustado 🙂 Exactamente, a la vida hay que darle las gracias, porque es muy puta, ¡pero cómo de bonita al mismo tiempo!

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