No me cansaré de repetir que encontrar piso en París fue mi peor pesadilla es uno de los mayores retos a los que me he enfrentado. Cinco meses, tres cambios de apartamento y un mes durmiendo en sofás de amigos. Ese es el balance del tiempo que tardé en encontrar mi pequeño estudio, de 16 metros cuadrados, en un sexto piso sin ascensor, en un barrio popular y a un precio razonable.

Un único espacio con un sofá-cama, un par de armarios y una mesa extensible; una cocina con una mini-nevera, fregadero y dos placas eléctricas; un baño completo. Eso es todo.

No, no lo es.

Para los que venimos de casi cualquier otra parte del mundo (aunque me consta que en Londres o Nueva York también apuntan maneras), el tamaño de los apartamentos en París es casi surrealista. Si me preguntas, te diré que se parece a vivir en una habitación de hotel, o incluso en una caravana. Pero, al final, uno puede adaptarse a casi todo. Y un año después de estar viviendo en mi estudio, esto es lo que he aprendido:

1. Los demás no tendrán el mismo concepto de “pequeño” que tú. Poco importa si hablas con tu amiga la que acaba de alquilar un piso en tu ciudad o si buscas inspiración en Pinterest para la decoración de espacios reducidos. El “pequeño” del que hablan los demás a ti suelen parecerte palacios. Los parisinos han reinventado este concepto y la gente como yo lo hemos aprendido de primera mano.

Así te sientes en París.

2. Nada es imprescindible. Fundamental. Cuando tienes que meter todas tus pertenencias en un apartamento de dimensiones tan reducidas y que siga quedando espacio para ti, aprendes que no hay prácticamente nada de lo que no puedas prescindir llegado el momento. Cuadros, libros, zapatos, ropa… Nada se salva. También impide que acabes comprando más objetos innecesarios, sencillamente porque no caben. Lo mejor es que es mucho más fácil de lo que parece y, a largo plazo, aprender a discernir lo que es realmente importante de lo que no lo es tanto resulta increíblemente valioso.

3. El orden es la clave. Puede parecer una obviedad, pero si en cualquier otra situación ser ordenado es una virtud, en 16 metros cuadrados es VITAL para no acabar viviendo entre trastos y sin espacio para moverse con normalidad. ¿Te imaginas tener que saltar una pila de ropa para llegar a tu cama? No es agradable. Lo bueno es que, de nuevo, en poco tiempo adquieres hábitos de organización que te acompañarán siempre.

A nadie le gusta el desorden.

4. La importancia de hacerlo tuyo. Es cierto que 16 metros cuadrados no dan para mucho, pero es increíblemente fácil convertirlo en un lugar en el que querer estar. Detalles tan pequeños como la luz que se cuela entre las cortinas, un par de postales, tus libros en una estantería o una planta bonita pueden sacarte una sonrisa cada día y marcar toda la diferencia.

Estoy perfectamente.

5. Siempre habrá algo que te desquicie. Por muy bonito que lo hayas decorado y por muy a gusto que estés, siempre habrá algo que necesites y no tengas porque no tienes espacio (una mesa de escritorio en la que trabajar dignamente); algo que tienes, pero es demasiado pequeño (un mini-horno en el que sólo puedes conocinar mini-platos); o algo que no necesitas realmente, pero cuánto te gustaría tener (cacharros de cocina, os echo de menos). Y eso te cabrea.

6. La limpieza da mucha menos pereza cuando acabas en 15 minutos. Porque no todo iban a ser sacrificios, vivir en un espacio pequeño también tiene ventajas. Y el hecho de que no tardes prácticamente nada en limpiar todo el apartamento es, sin duda, una de ellas. Además, yo tuve la suerte de encontrar un estudio renovado y en colores claros, a rebosar de luz natural.

… así, así.

7. En poco espacio cabe mucha vida. No hay que permitir que la falta de espacio nos eche atrás. Invitar a amigos a cenar o que las visitas se queden contigo durante su fin de semana en París es tan sencillo como queramos hacerlo. En mi saloncito hemos llegado a cenar hasta 7 personas y ya son 4 las visitas que han pasado conmigo unos días. En la mayoría de casos, basta con tomarse las dificultades con un poco de humor.

8. Para uno, vale; para más, no tanto. Aunque es cierto que podemos aprender a vivir con poco y adaptarnos rápido a ocupar un espacio reducido, cuando se trata de compartirlo, la cosa se complica. Un único armario, una cocina minúscula o un baño en el que prácticamente hay que pasar por encima del inodoro para acceder a la ducha, se convierten en todo un reto cuando sois dos. De nuevo, el humor en esta situación te puede salvar la vida (y la relación).

Se parece a esto.

9. Después de esto, puedes vivir en casi cualquier parte. Tras haber vivido en tu mini-estudio, en un sexto piso sin ascensor, las ventajas de cualquier otro apartamento se verán magnificadas. Aspectos en los que antes ni te habrías fijado adquieren ahora una importancia especial. ¿Un horno y una nevera de tamaño normal? Un sueño. ¿Una cama Y un sofá? Que me los envuelvan para regalo. ¿¡PUERTAS!? Me lo quedo.

10. No es para siempre. Aunque aprendas a hacerlo tuyo, aunque aprendas a mantenerlo ordenado y aunque aprendas a vivir con lo imprescindible, tarde o temprano empiezas a echar cosas de menos. En mi caso lo que me falta es, sobre todo, el tener espacios diferenciados que me permitan desconectar cuando no estoy trabajando. Mi estudio fue genial para el año que pasé conociéndome, dedicándome a mí misma, pero se me ha empezado a quedar pequeño. Mis sueños y yo ya no cabemos aquí dentro.

El día en que te mudas.

8 thoughts on “Las 10 cosas que aprendí viviendo en 16 metros cuadrados

  1. Lorena on 15 febrero, 2017 at 12:34 pm Responder

    Naiara, como me haces reir! me ha encantado tomarme el cafecito contigo hoy. Tienes un montón de razón, yo viví así un tiempo (por supuesto en un espacio “pequeño” que seguro para ti luce como un palacio, pero lo juro que el sufrimiento fue similar, jajaja. Afortunadamente no va a ser así para siempre y luego apreciarás mejor el espacio que tengas la dicha de tener. Una cocina tamaño normal y dejar de sentirte como esos japoneses que pareciera que cocinan para la barbie. te mando un abrazo!

    1. Naiara on 15 febrero, 2017 at 7:05 pm Responder

      jajajaja ¡exacto! Muchas gracias por pasarte Lo 🙂

  2. Nuria on 15 febrero, 2017 at 8:59 pm Responder

    Qué de acuerdo estoy contigo. Vivo en un piso un poco más grande, pero al principio, se me caían las paredes encima. No encontraba mi lugar, sólo hacía que añorar espacio. Después de un tiempo, comencé a darle la vuelta a la situación, y coincido contigo en lo que has aprendido, porque a mí me pasa lo mismo. Sobre todo, con eso de que puedes prescindir de un montón de cosas que antes parecían imprescindibles, y en lo de no acumular. Lo del orden me cuesta más, pero es muy necesario, porque cualquier cosa fuera de su sitio ya es un poco caos. ¡Un abrazo!

    1. Naiara on 16 febrero, 2017 at 11:18 am Responder

      La verdad es que es así, merece la pena tomarse las cosas con filosofía para no acabar tirándote de los pelos. Me alegro de que al final lo hicieras también un poco tuyo 🙂 ¡Gracias por pasarte, Nuria!

  3. Dolors on 16 febrero, 2017 at 4:38 pm Responder

    Super post nena, l’humor salva vides! M’ ha encantat. I m’ ha fet recordar episodis de la meva joventut. T’has deixat de mencionar l’estalvi en gimnàs gràcies al no-ascensor, jo aviat m’ hi hauré d’apuntar, oeeeee!!

    1. Naiara on 17 febrero, 2017 at 12:24 pm Responder

      jaja ai si no fóra per l’humor… Encara que, com dius, després sempre és un gust tindre records d’estos. Un abraç reina!

  4. Laura on 16 febrero, 2017 at 4:43 pm Responder

    Que bo perla!!! M’encanta la teva forma de veure la vida, sempre treient la part positiva de les coses. No canvies mai!!!

    1. Naiara on 17 febrero, 2017 at 12:25 pm Responder

      No et cregues, que de vegades ni amb humor jaja Gràcies per passarte perla, un abraç!

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